Las Mas Leidas
 
DA Article Expo Module
 

PostHeaderIcon Niños Mexicanos, flacos y obesos

gLa niñez mexicana tiene dos caras opuestas: la de los niños flacos, pequeños y desnutridos, y la de los niños obesos, malnutridos. Son los dos rostros de la desigualdad y de los malos hábitos alimenticios, que combinan los males del tercer mundo con los del primer mundo, incluso en la misma casa y familia.

En el Día del Niño, el futuro de la niñez mexicana no luce alentador, y de acuerdo con académicos, investigadores y directores de institutos nacionales de salud, los pequeños de hoy serán los pacientes del mañana, aquellos que saturen los consultorios y hospitales públicos.

En México, según la más reciente Encuesta Nacional de Nutrición, 1.6% de los niños menores de cinco años presenta desnutrición aguda y 11% desnutrición crónica, y entre 20% y 30% de los pequeños en edad escolar tiene obesidad.

Quizá cuando sean adultos lleguen a ser médicos, arquitectos, ingenieros, abogados. No lo sabemos. Pero lo que es un hecho es que si no cambian ahora sus hábitos alimenticios, cuando lleguen a la adolescencia serán candidatos a padecer enfermedades crónicas que los acompañen el resto de sus vidas, como diabetes, hipertensión y todas aquellas relacionadas con problemas cardiovasculares.

Los niños desnutridos por carencias alimentarias, y los malnutridos por exceso de comida, en muchas ocasiones ven marcado su futuro desde que están en el vientre materno o desde que apenas tienen unos días de nacidos —en la lactancia—, advierte Salvador Villalpando Hernández, director de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

En el caso de los primeros, la naturaleza malnutrida de la madre —principalmente adolescente— es la que marca que el niño nazca prematuro. “Nacen desnutridos desde el principio, y así se quedan”, afirma Guillermo Solomon Santibáñez, director del Instituto Nacional de Pediatría (INP); en el caso de los segundos, la obesidad empieza desde la lactancia, en el momento en que la madre deja de “darle pecho” y lo alimenta con leche de fórmula.

Lo paradójico del caso es que son precisamente los niños, y no los adultos, quienes pueden cambiar su propio futuro. Para los médicos, la generación de los padres es un caso perdido. Los obesos y enfermos de hoy difícilmente cambiarán de hábitos. Por eso las autoridades han cifrado sus esperanzas de cambio en los niños.

Ultima actualización (Jueves 24 de Marzo de 2011 03:34)

 

Add comment


Security code
Refresh